LAS MUERTAS DE LA FRONTERA DE TAMAULIPAS

 

 

 

No es mucho lo que se sabe hasta el momento de ella.

Sólo que tenía entre 40 y 45 años, y como casi siempre, las autoridades señalaron que se trasladarían a la zona de tolerancia, para buscar alguna pista sobre su identidad, ya que de acuerdo al criterio “investigador” policíaco, “podría tratarse de una prostituta que trabajaba en alguno de los tugurios” del lugar.

 

Y es que el pasado domingo fue localizado su cadáver en un canal de aguas negras, tenía el cráneo destrozado, “al grado de que la masa encefálica fue expulsada” y también se le apreció una herida “impresionante” en la región frontal y hematomas y excoriaciones en diversas partes del cuerpo.

 

¿Qué más se sabe de esta mujer que ingresa a las estadísticas de las “muertas de Tamaulipas”.

Que sus homicidas la amarraron con cintos de seguridad, de esos que se utilizan para jalar carros descompuestos, que la maniataron e “hicieron con ella lo que quisieron”,.

 

Es todo, pero es probable que hoy las autoridades municipales de Río Bravo, en donde ocurrió este asesinato, hoy hagan declaraciones que por lo repetitivas ya nos sabemos de memoria: “están muy adelantadas las investigaciones, tenemos sospechosos identificados pero para que no escapen no podemos dar más información, es cuestión de días para que el crimen sea aclarado”, y muchas palabras más que casi nunca se cumplirán porque la muerte de esta mujer hasta el momento desconocida, ocurrida en un municipio cercano a Reynosa, en el área rural, y que “puede tratarse de una prostituta” lo más probable es que quede en la impunidad, tal como ya ocurrió en otros casos.

 

 ¿Qué la justificación para que ocurriera este crimen no se asemeja a la del entonces gobernador de Chihuahua Francisco Barrio, que estigmatizaba a las mujeres por “provocativas” por su forma de vestir o por andar en la calle en horas de la noche?.

 

Lo grave y preocupante es que en el gobierno de Tomás Yárrington que en tres meses cumplirá cinco años de su administración, el asesinato de esta “desconocida” es uno más de los 130 crímenes de mujeres considerando únicamente los 10 municipios de la frontera de Tamaulipas. Representan poco más de dos crímenes por mes, por lo que al paso de los días en los medios de comunicación se olvidan del asunto, alentados por las autoridades de procuración de justicia que según ellos, “sólo” se han cometido en el citado lapso 97 asesinatos de mujeres.

 

Aparte de los crímenes de índole pasional, en la mayoría de las ocasiones son asesinatos cometidos con saña en donde el  o los verdugos someten a la mujer a sus deseos sexuales, la atan, la golpean, la humillan, de acuerdo con datos recabados en todos los casos de la prensa escrita.

 

No en balde las estadísticas revelan que 44 mujeres murieron por golpes o acuchilladas mientras que 20 fueron ahorcadas y cinco más, aparte de los golpes, fueron incineradas, y en la mayoría de los casos, los crímenes se encuentran en la impunidad.

 

“A Erika la descuartizaron y nadie reclamó”, dice la revista “Vertical” de noviembre 4 del año pasado, que se edita en Matamoros: “los reclamos de justicia se ahogan con el paso de los días, mientras el homicidio de Erika Daisy Martínez Chávez, a quien sus verdugos desollaron cuando aun estaba viva, se perfila por el muy conocido camino de la impunidad.

 

Erika estudiaba en el tecnológico de Matamoros de donde salió el 28 de octubre, para nunca más volver. Dijo el médico legista que murió ahogada y no por las torturas, presentando golpes en la cabeza y rostro, presentando fractura craneoencefálica, incluso, “sus asesinos le desprendieron el pabellón auricular, buena parte del antebrazo y piel baja del abdomen dejando expuestos intestinos y vísceras de la muchacha”.

 

Tenía sólo 20 años y el entonces comandante de la Policía Ministerial Plácido de Jesús Martínez declaraba a los cuatro vientos que tenía cercado al o los asesinos, y curiosamente, a él le toca ahora el caso de la mujer encontrada en el municipio de Rio Bravo.

 

Y qué decir de Reynosa, en donde la menor de ocho meses Lilian Griselda Coronado fue asesinada a patadas. El médico forense dice que presentaba “hematomas en ambos lados de la frente, ojo izquierdo, pómulo, mentón, atrás del pabellón de la oreja derecha, así como una serie de moretones en el abdomen”. El culpable fue su padre, con el silencio cómplice de su progenitora que en su primera declaración dijo que “se cayó”.

O el caso de Jorge Alberto García Martínez, que “encocainado y borracho”, asesinó a su esposa Norma Leticia Núñez Martínez  cuchilladas, llamando a su suegra para decirle “llame a la policía, acabo de matar a su hija que está arriba”, y rematando con su orgullo de macho herido, “si no es mía no será de nadie”.

 

Wendy era una joven de 17 años que el pasado 9 de abril, se encontraba trabajando desde temprana hora en el gimnasio “Sanson y Dalila”, ubicado en el centro de Reynosa. Murió la mañana en que sobre la ciudad se abatió una fuerte tromba, siendo localizada en el piso del gimnasio, violada y con semen del agresor en la víctima.

El caso sigue en la impunidad aunque Hernán Gómez Eddy entonces comandante de la policía ministerial afirmaba que “conforme avanza la investigación surgen nuevos datos” agregando que “como padre y luego como policía deseo sacar de las calles a ese asesino”.

 

Gómez Eddy fue trasladado a otra ciudad, y el o los asesinos siguen en libertad.

 

En Nuevo Laredo, Olga Lidia Osorio el 8 de enero de este año fue ahorcada y violada en el crucero de las calles Aldama y Venezuela. Trabajaba en un negocio y al salir del mismo estudiaba en una escuela de computación, de donde salía  y en la policía ministerial se asegura que tienen tres retratos hablados de los homicidas, que siguen en libertad.

Y lo mismo le ocurrió en matamoros a Valentina Pérez Alvarado, de 15 años, que fue estrangulada y presentaba tres meses de embarazo, presentando “golpes contusos” en l rostro y el pecho. La incapacidad policíaca y la presión social, provocaron que el entonces comandante Hernán Gómez Eddy declarara que era “sospechosa de trata de blancas y la prostitución de menores”. Este es uno más de los asesinatos que el citado comandante dejó impune.

 

La violencia contra la mujer tiene parte de su origen en la corrupción policíaca y en las agencias del ministerio público, pues son raras las ocasionasen que un golpeador de mujeres o un violador, resulta sentenciado a pesar del alto número de casos que se registran en la frontera de Tamaulipas, lo que sin duda influye en el trato que reciben las mujeres y el alto número de casos de violencia intrafamiliar.

 

Para ilustrar lo anterior, citemos el caso de Filiberto Romero Hernández que fuera acusado por su pareja María Guadalupe, de violencia.

“Agarró una bota y me golpeó en todas partes del cuerpo, me tiró al piso y me pegó la cara al piso hasta que me reventó los labios, me brotaba sangre por toda la boca. Lo más desagradable fue cuando me obligó a limpiar la sangre del piso con la lengua”, dice su compañera sentimental.

 

La policía municipal de Nuevo Laredo detuvo al agresor, pero con el pago de una multa administrativa salió libre.

 

Pero no se crea que la corrupción solo se registra en casos de violencia intrafamiliar o abuso sexual: el 22 de noviembre de 1996, dos jóvenes que trabajaban despachando en un negocio de bebidas en donde los consumidores entran con todo y carro a que los despachen, fueron golpeadas y asesinadas, y sus cuerpos, incinerados para borrar todo rastro. El asesino, Héctor de León fue detenido seis días después, declarando: “yo las maté…ni modo” declarando la forma en que cometió los homicidios: una vez muertas, las roció con gasolina y les colocó unas llantas de carro encima, procediendo a prenderles fuego.

 

María Guadalupe Ramírez Andrade y Dora Alicia García Oviedo, de 18 y 19 años de edad respectivamente, fueron subidas a una camioneta pick up aproximadamente a las siete de la noche del fatídico día.

 

El agente del Ministerio Público Investigador Hernán Gómez Eddy, en turno integró la averiguación de tal manera que en el proceso el asesino confeso salió absuelto, mientras su padre Humberto de León Hernández cuatro años después, asesinaba a Sergio Gutiérrez Serna y a Félix Cruz Martínez.

 

El agente convertido después en comandante, olvidó sus palabras de preocupación de que “como padre de familia” le preocupaba que un asesino anduviera suelto.

 

¿Tendrá el caso alguna relación con la corrupción, que también se observa en la muerte de Laura Zapata, acaecido en Reynosa el 22 de septiembre de este año, en que Jesús Camacho Flores “el Sorcho” asesinara a Victorio Abrego Carreón y a Laura Zapata porque esta fue su novia?.

El homicida anda prófugo pero sin intenciones de encontrarlo ya que es ampliamente conocido, pues tal como lo señala el diario “El Mañana”, pertenece al cártel del Golfo y se dedica al tráfico de drogas desde hace mucho tiempo, además de que se le acusa de asesinar a dos personas en Valle Hermoso y otras dos en Brownsville, Texas.

Un dato aleccionador: los policías Alberto y Juan Manuel Rosas detuvieron en febrero del 2002 a Jesús Camacho Flores por portar una pistola calibre 9 milímetros, pero el premio para ambos fue su desaparición, porque Jesús Camacho sigue en libertad.

 

Han transcurrido 59 meses de la actual administración gubernamental, y le restan  un año y tres meses a la misma. Al ritmo actual de homicidios de mujeres se cometerán unos 30 más, antes de que asuma un nuevo gobierno que a lo mejor se preocupa más por lo que ocurre en los diez municipios de la frontera de Tamaulipas.

 

 LISTADO DE LAS MUJERES MUERTAS EN LA FRONTERA NORTE DE TAMAULIPAS